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La Ceguera de los Conejos

  • Foto del escritor: MARIANA YEPES RIOS
    MARIANA YEPES RIOS
  • 29 ago 2022
  • 11 Min. de lectura

La playboy el enemigo que hay que tener de amigo, una de las pesadillas más jóvenes del barrio Siloé.

Tal como dice el casi himno de la ciudad: “Cali es Cali, lo demás es loma”, pero curiosamente dentro de ella, se encuentra una donde se ubica uno de los barrios más emblemáticos y no exactamente por su buena fama, pintoresco y hermoso, pero de lejitos. La comuna 20 situada en la parte occidental, esa que al mirar hacia el cielo se verá la maquinaria colgante de color azul que sube y baja de esa localidad bautizada como “MIO cable” y al aterrizar la mirada, se observan transeúntes, entrando y saliendo de la estación Unidad deportiva o del Centro Comercial Cosmocentro.

Esta comunidad mejor conocida como Siloé, no se trata de un área encerrada o alejada de la ciudad: el distrito está ubicado en un cerro que lo hace visible desde casi toda la parte sur de Cali. Sin embargo, este barrio es históricamente reconocido como un lugar pobre y peligroso, donde incluso los camiones repartidores y los distribuidores de periódicos no entran por miedo a ser asaltados por alguna de las numerosas pandillas, que controlan este sector, donde ni la misma policía es capaz de poner orden en esta tierra de nadie.

Pero primero que todo, ¿Qué es una pandilla? No existe un solo significado que pueda definirla, la RAE le da tres diferentes: grupo de amigos que suelen reunirse para divertirse en común, grupo de personas que se asocian con fines delictivos o embaucadores y liga o unión. Para los grupos no gubernamentales este término hace referencia a una juventud marginal en situación de riesgo, a violencia urbana, a delincuencia, al micro tráfico de estupefacientes, a barras bravas. El apelativo se aplica incluso para dar cuenta de distintas expresiones de asociatividad juvenil en barrios del continente.[1]Por otra parte, desde las ciencias sociales, se dice que las pandillas son funcionales a las necesidades de los jóvenes, toda vez que se constituyen en instancias de socialización, solidaridad, complicidad, afecto y sentido. Además, desde los medios de comunicación y miembros de la fuerza pública se argumenta que estas son asociaciones constituidas para el delito, la arbitrariedad y el abuso, responsables de disputas que comprometen la seguridad y la convivencia de amplios sectores de la sociedad.

Las pandillas juveniles son consideradas desde el punto de vista jurídico, como un grupo delincuencial que deben ser judicializados como tal, pero como la mayoría de sus integrantes son menores de edad, el código penal contempla sanciones que van desde un día hasta ocho años de detención en correccionales de menores. Estas solo pueden ser atribuidas a partir de los 14 años de edad, por esto es, que las pandillas juveniles reclutan infantes con edades inferiores a las ya mencionadas con el fin de que ante cualquier detención, no puedan ser judicializados y continúen realizando las actividades ilícitas a las que están acostumbrados.

De acuerdo con un informe de la Policía Metropolitana sobre pandillas en la ciudad (2014), 104 pandillas actúan en Cali, tienen presencia principalmente en ocho comunas (1, 13, 14, 15, 16, 18, 20 y 21) y cuentan con unos 1 580 jóvenes. Del total de pandillas, solo algunas se tornan problemáticas, dependiendo de las actividades que realizan. Unas 73 se dedican mayoritariamente al narcomenudeo o comercio de drogas a pequeña escala y, de estas, 31 tendrían relaciones de cooperación con bandas delincuenciales.[2]

Para el año 2017, Cali presentaba una tasa de homicidios cuatro veces más alta que la media nacional (30 HPCH).[3] La alza en los homicidios correspondió con la actuación de bandas criminales como Los Rastrojos, que comenzaron a usar a los jóvenes como mano de obra barata en el control del territorio para todo tipo de actividades que van desde el tráfico de sustancias psicoactivas, hasta la venta de objetos robados o los tan temidos cuentagotas. En estos últimos cuatro años la comunidad de Siloé carga a cuestas el peso de 320 asesinatos, un promedio de 6 muertos al mes, eso podría significar una familia entera que desaparece, además dejando al menos 40 personas en sillas de ruedas victimas del enfrentamiento.

Las opiniones sobre estos jóvenes descarriados como dicen algunos, es variada, según Janeth Cristancho[4] “considero que esas pandillas juveniles son el producto del abandono de parte de los padres de esos muchachos y una injusticia social, porque la mayoría de ellos son pertenecientes a familias marginadas que no tienen alimentos básicos, estudio básico y no tienen oportunidad de estudiar lo que ellos quisieran por razones económicas. Muchos son hijos de padres muy ausentes, porque les toca trabajar mucho o en ocasiones son padres que no tienen educación que descuidan a esos muchachos, haciendo que se conviertan en productos del abandono.” Por otro lado Jarvin Mina Vivas[5] le echa la culpa al gobierno, por la falta de oportunidades para que estos jóvenes tengan un mejor futuro y se ven muy atraídos por los grupos delincuenciales, para poder subsistir: “Al poco tiempo de ingresar a una pandilla estos muchachos tienen, moto, dinero, armas y niñas, todo lo que necesitan para mostrar fuerza”

Siloé Había una vez, así comienzan todos los cuentos y a pesar de que no es uno de hadas hay que contarlo, Siloé contrario a lo que se cree no fue poblada por desplazados o afectados por la violencia política, su población tuvo origen en las familias mineras, muy sanas y emprendedoras. Por esa época se comenzaron los trabajos de explotación carbonera. Por naturaleza donde se instala una industria minera, así mismo van construyendo sus casas, estos en su mayoría de tipo rudimentario. Pero no se puede ignorar, el terreno no es de su propiedad, el empleo no es por mucho tiempo y los sueldos no eran los mejores. Fue así como les ocurrió a los primeros pobladores, construyendo casas de bahareque con maderas obtenidas en los bosques cercanos. Como era de esperarse del espíritu comunitario que ha caracterizado a los moradores de Siloé, al salir por las tardes del trabajo se unían en varios grupos y previstos de picas y palas empezaron los caminos o vías de penetración. Poco a poco el pesebre de Cali se armaba como el de la casa de la abuela en diciembre. Tal vez algunas personas, siquiera conozcan el contradictorio significado de este nombre, ni mucho menos de donde proviene. El Estanque de Siloé es un estanque cortado en la roca en Jerusalén, para los devotos, el este tiene además uno especial: se menciona en la biblia como el lugar donde Jesús envió a un hombre ciego de nacimiento y este volvió recuperado. ¿Qué tan ciegos están los habitantes sobre la razón del por qué este barrio se llama así? Todo se remonta a cuando llegó el Francés Luis Che, ingeniero Geólogo quien debería hacer un estudio en la zona carbonífera de este sector, cuyo concepto final fue, que esta zona era rica en carbón y cuyo material era de calidad. Estando allí en loma hizo amistad con don Eugenio Santamaría Sánchez, hasta que se asociaron para trabajar y explotar las minas, en este momento el caserío ya se extendía a lo largo y ancho de estas laderas, las casitas en su mayoría eran pintadas de blanco y formaban un panorama armónico con una cantidad de ganado orejinegro, que pastaba libremente por toda la loma. Enamorado el francés, de tan hermoso panorama conversó con don Eugenio y le dijo: “En mi ciudad de origen hay un barrio muy similar a éste y se llama Siloé, ¿por qué no me permite que le demos a éste ese mismo nombre?” Él agradecido por tal simpática propuesta, no vaciló y de inmediato respondió positivamente. Desde ese momento comenzó a llamarse Siloé. En lo alto del barrio, al igual que en la cima de la imagen del nacimiento de Jesús se alza a la vista de todo Cali su tan famosa estrella, que desde el 16 de diciembre 1972 gracias al Gerente de Emcali Doctor Julio Mendoza Duran, acompañado de diferentes miembros de la Administración Municipal y de las Juntas de Acción Comunal circunvecinas, ha alumbrado el cielo caleño sin cesar. [6] A pesar de todo esto, entre sus múltiples fronteras invisibles, se pueden encontrar hombres y mujeres que trabajan en toda la ciudad, estudiantes brillantes, familias que se aman y toda una serie de situaciones que parecieran imposibles y contradictorias, que se ahogan en una innegable nube de pobreza, desempleo y falta de oportunidades para gran parte de la comunidad, que optan por buscar su mejor salida siendo parte de una de las pandillas que se acaban entre sí en este sector y que se alimentan de un miedo colectivo que fortalece el poder, y ambición de estos grupos que han considerado sus acciones como la única manera de “lograr objetivos” y “salir adelante”, sometiendo a todo un vecindario a una normalidad del terror, como quien dice, que todo acto violento hace parte del pan de cada día, conviviendo constantemente con la muerte. La playboy La Playboy, y no exactamente la multimillonaria empresa llena de conejitas fundada por Hugh Hefner. Es una de las pandillas más temida, por los habitantes de esta zona de Cali. En ella se encuentra un gran número de jóvenes, que sin importarles las consecuencias entran a esta, buscando ser importantes y reconocidos, muchos de estos al sentirse solos en casa no encuentran mayor salida que unirse a estas pandillas, aunque estos no son todos los casos, algunos luchan por salir adelante y día a día, y se ven cara a cara con las personas que siguieron otro camino.

“Mire mi amor, en Siloé uno se tiene que hacer respetar. Si usted vive en Siloé y quiere andar por ahí fresco se tiene que hacer respetar, tiene que hacer que lo vean. Uno no puede simplemente andar por ahí, bien vestido, con sus zapatillas y que tal porque si usted es medio gallina ya perdió, y si la camisa sale con las zapatillas y la gorra sale con la camisa pues ahí sí perdió el año. Pero nosotros podemos dejar las zapatillas nuevecitas ahí en la calle que nadie las toca, porque el que las toca lo que siente es la muerte por detrás. Aquí la gente nos conoce, sabe que somos La Playboy.”[7]

Esta pandilla obtiene sus ingresos gracias a ciertos actos delictivos, como el micro tráfico de estupefacientes, en especial de las tan llamadas “pepas”, por otro lado “los trabajos” que ellos hacen normalmente son relacionados, al sicariato, la extorción o simplemente “pegarle un susto”, de esto pueden ganar 50 mil pesos. Pero sin duda alguna su mayor fuente de dinero, es el robo, con la venta de uno de estos celulares robados, enteros, o en partes, podrían ganarse lo que se gana un colombiano promedio con un salario mínimo.

Ser temido, respetado y aceptado, pero ¿Por qué y por quién? Esa falta de cariño y de acompañamiento, muchas veces es primordial mente de los padres. “El problema más grande que tenemos en las pandillas es precisamente porque los padres hemos dejado el rol de padres a un lado, por las obligaciones y compromisos que adquirimos día tras día, en los gastos económicos en casa.” En palabras de Juan Carlos Moreno.[8] A pesar de que estos jóvenes se sientan los reyes del mundo, al menos de las cuatro esquinas de las cuales no pueden salir, muchas vecen en verdad son únicamente peones de un gigante ajedrez de colores. Y son usados como carne de cañón, para una red aún más grande.

Es curioso, si se le pregunta a la gente sobre pandillas, siempre pensaran en hombres, con su propio aspecto particular, los llamados “ñeros”. Socialmente se estima que los jóvenes tengan mayor participación en la conformación de las pandillas, ya que ellos tienen culturalmente privilegios como lo son la libertad de moverse y estar en las calles sin que se le considere algo malo. Ellas por su parte están más asociadas a la casa y a un manual de comportamiento femenino que es duramente criticado cuando no se cumple, y este se lleva a un nivel inapropiado para la sociedad. Sin embargo, la pandilla no discrimina en cuestión de géneros en el caso de Siloé y al igual que en todo rincón de la sociedad, no se puede ignorar la cuota femenina: “Bueno, nosotras somos de acá porque acá es donde vivimos, mi casa es aquí mismo y entonces nos parchamos ahí con los pelados. Pero esto acá es muy peligroso, yo siempre me siento en algún sitio donde pueda desaparecerme rápido. Los pelados juran que son los dueños de la calle, y por eso todos los días acá hay bala. Están locos, pero yo sólo digo una cosa: esos pelados de La Mina que por acá ni se aparezcan, porque yo soy una que donde los vea los estrello.”[9] Para ambos géneros pertenecer a estos grupos, representa la libertad para vivir y superar la idea de que no vivirán más allá de los veinte años.

Los padres muchas veces son los que más sufren al ver a sus hijos en estos grupos, con el miedo de que en cualquier momento alguien toque a su puerta avisándole que su retoño, que salió en la mañana despidiéndose de un gran beso en la mejilla y una bendición por parte de ellos, esta vez dios no pudo hacer nada y ellos volverán a casa en una caja de madera. Con sus madres maldiciendo el momento en que los dejaron salir de casa. Una madre del sector que por precaución pidió no poner su nombre comento: “Rezo, todos los días, rezo, estoy segura que dios esta aburrido de escucharme, que ya de tanto mencionarle a mi muchacho, me lo tiene bien cuidado, pero igualmente me da miedo, a una vecina mía le mataron el hijo, le avisaron y nunca encontraron el cuerpo y me da miedo que eso le pase al mío, yo sé que el anda en malas compañías, ¿Pero y yo que puedo decirle? Solo me queda Rezarle a mi Dios”.

Nadie piensa en las madres y padres y muchos menos esos muchachos, o eso es lo que se cree, que a ellos no les importa, que son unos mal agradecidos, pero muchas veces son por ellos, por mantenerlos que estos jóvenes siguen este camino peligroso, pues no ven que puedan ayudar de ninguna otra manera. “Lo que nosotros los bandidos sí tenemos es que somos buenos hijos. Yo por lo menos me considero buen hijo: cuando uno se hace un trabajito en la primera que piensa es en la cucha. Casi todos somos así. Cada una de nuestras madres tiene que llegar a aceptarlo. Mi cucha por lo menos sabe lo que hago. ¿Y qué puede decir ella? Sólo me desea suerte y ella sabe que yo le ayudo. Sólo le digo que no se preocupe por mí, que a mí me gusta esta vida.”[10]

Eso sí, no hay que encasillar y condenar a todas las personas por nacer allí, ese tampoco es el caso, cada persona es diferente y tiene la completa libertad de seguir su camino. Poco se sabe de estas personas, que pasaron de largo esa vida, sea porque no quieren volver a ella o porque nunca les fue atractiva, por desgracia, estas son la sombra casi inexistente de los noticiero que se enfocan en la muerte y la destrucción que esa otra cara muestran al mundo. “A veces es triste, y prefiero no decir donde vivo para que las personas no me tengan miedo, pero eso no debería ser así, Siloé no es tan malo como lo pintan, y no intento tapar el sol con un dedo y decir que todo es color de rosa. Yo no los culpo, a los chicos que entran allí, ellos al igual que yo quieren salir adelante, ser alguien, ellos aquí en el barrio y yo allá en la universidad, pero ambos seguimos sueños y tanto ellos como yo, a lo mejor yo de forma metafórica, llegaríamos a matar por conseguirlo.”[11]

Y es verdad, no todo es tan malo como lo pintan, no todo es abandono y soledad, tal vez más lento que rápido, se están haciendo cambios y se están notando. Hace poco el colegio La Fontaine del sector, recibió la certificación de bilingüismo y todo gracias a un profesor que de forma empírica, tomo un diccionario, inglés-español y aprendió para poder llevar así el idioma a sus estudiantes y demostrar que de ese barrio no se sale únicamente en patrulla. Como este, hay muchas más personas y grupos que están ayudando a cambiar este paradigma de los barrios, para que estos jóvenes como son los de la pandilla Playboy, se den cuenta que si pueden salir adelante.

Al final entre casa y casa, entre mirada y mirada, incluso entre revolver y fusil, estos jóvenes que diferentes circunstancias le han arrebatado su niñez y adolescencia, buscan ganarse la vida como sea, estos muchachos, hombres y mujeres son dejados a la deriva en algo más grande que un estanque y paradójicamente muchos de ellos, al contrario con la historia bíblica en verdad, pierden la vista e incluso la vida, buscando un futuro de lujos y pecados, como el verdadero creador de las conejitas.



[1] Sacado del libro Pandillas Juveniles en Colombia: aproximaciones conceptuales, expresiones urbanas y Posibilidades de intervención. Pág. 13 [2] Sacado del libro Pandillas Juveniles en Colombia: aproximaciones conceptuales, expresiones urbanas y Posibilidades de intervención. Pag.136. [3] . Sacado del libro Pandillas Juveniles en Colombia: aproximaciones conceptuales, expresiones urbanas y Posibilidades de intervención. Pág. 136. [4] . Ex fiscal y jueza del municipio de Yumbo. [5] Líder comunal y abogado del sector de siloe. [6] Historia del Barrio Siloé Por: Manuel Bonilla, Primer Presidente de la J.A.L. de la Comuna 20. [7] Testimonio de un pandillero de 16 años. [8] Líder comunal del sector de Siloé [9] Testimonio de una pandillera de 17 años [10] Testimonio de pandillero de 15 años [11] Testimonio de un joven universitario residente en la zona

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