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La Sultana del Valle

  • Foto del escritor: MARIANA YEPES RIOS
    MARIANA YEPES RIOS
  • 29 ago 2022
  • 8 Min. de lectura

Su cuerpo se contonea como los movimientos de una serpiente, hipnotiza a su público, sus pies se mueven al son del redoble de los tambores, como si estuviese sobre la incandescente arena del desierto, ese es su escenario habitual. Bailarina profesional por vocación, jamás imaginó que de bailar pasillos, torbellinos, currulao, merecumbé, cumbia, entre otros, el destino la llevaría a un país tan lejano, extraño y diverso como Egipto.

Nunca se imaginó que su compañera de casa y bailes sería Nefertiti una Boa constrictor de tres metros y mucho menos pensaría que podría igualar sus movimientos, pero ella no es la única compañía animal que sigue sus pasos, dos grandes Rottweiler observan pasivamente sus ensayos, mientras duermen sin verse afectados en lo más mínimo por lo ensordecedor que puede llegar a ser la música con la que practica. Sin embargo, si había una pequeña gata que gustaba de hacer travesuras, colgarse de los pies de su dueña, incluso esconderse en los bolsos para dar un pequeño viaje, pero Chiquilina, fue hace poco encontrada sin vida. “Sonrían, que yo lo hago y no tengo razón por que” ordenaba en su clase, como suele hacer, para preparar a sus niñas para los shows, cuando su gata únicamente se daba por perdida.

En sus inicios, parecía no tener descanso nunca, llegaba a bailar 8 horas al día, para perfeccionar sus pasos, pero el cansancio, ni antes, ni ahora ha sido un impedimento para ella. Su último Show en “La Calle del Arte 2019” fue un espectáculo digno de Aladin y la Lámpara Maravillosa, las personas parecían ni parpadear para no perderse el más mínimo movimiento, al acabar y escuchar los aplausos, sintió la gratificación del éxito, de sentirse libre, de mostrar con sus movimientos lo más profundo de su ser, experimentaba el cansancio pero eso no lo deja ver ni siquiera después de que lentamente sale del escenario, con su impecable maquillaje y su traje brillante. Su vida es un corre corre constante, no tiene tiempo para descansar y como cualquier mortal se queja de ello, a veces en su cara se puede notar de vez en cuando, bajo sus grandes ojos expresivos, un par de ojeras por no haber dormido nada, pero ella sigue, activa después de una buena taza de café.

Ella con su fundación y sus bailes, a pesar de su corta edad, ha ayudado a curar física y emocionales a toda persona que siquiera pone un pie, en su pequeño rincón árabe, rodeado de naturaleza y vida. Juana Shirley Sabil Panique, proveniente de Bolivia, residente en Colombia hace seis años, es una de las estudiantes más nuevas de su fundación, sufre de artritis reumatoide y ha encontrado en el baile, un descanso a los dolores de su enfermedad y una liberación del alma. Considera que en su profesora ha encontrado una amiga, pues desde el primer momento sintió una conexión profunda con ella, una maestra y un ejemplo de vida.

Pero ella no es la única que ha pasado por sus coreografías. Trabajó con mujeres con discapacidad visual "Abrí la convocatoria para 30 bailarinas, llegaron 50, no pude negarme a ninguna, todas llegaron hasta el final" decía con la mirada llena de recuerdos y una sonrisa que no se borraba de su cara. Tenía que ir una por una y solas o con ayuda de sus madres, tomaba su manos para que la tocaran y sintieran sus movimientos, esas clases planeadas para hora y media, podían tardar hasta tres horas, pues no dejaría ninguna a medias.

Niños con autismo, Síndrome de Down o alguna discapacidad cognitiva, que junto a la fundación Boteritos, trabajaron arduamente para poderlos presentar en el Festival de Música y Danza Árabe en el año 2012, bajo el nombre del grupo Belly Down. No había nadie que no se sintiera satisfecho con este trabajo, sus estudiantes, niños y niñas disfrutaban de cada paso de baile aprendido, su amor por la danza y por su profesora crecía con cada clase. “Creo que de lo que más me siento orgullosa es de una niña que se llama Juliana, ella tiene Síndrome de Down y no le gustaba salir de debajo de una mesa, poco a poco junto a sus padres logramos que saliera de allí. Nunca olvidaré su cara de asombro y felicidad la primera vez que se vio con su vestuario, ni ella misma podía creérselo.”

Su bondad, también la llevo a ayudar a madres cabeza de hogar, víctimas de violación, a reconciliarse con sus hijos mediante la danza. Próvida Digna, una fundación en contra del aborto, la acompañó en este trabajo de unión. Belly Mom Baby, permitía que las madres pusieran a sus bebés en fulares, un pañuelo alargado generalmente de algodón en donde los bebés quedan contra el pecho de sus madres y así pueden escuchar el latido de su corazón. Estos niños, que reciben la aceptación de sus madres, crecieron siendo mucho más felices, que los que no podían crear este lazo. Curiosamente, en el show final, ella no tenía ningún bebé para bailar, así que pidió uno prestado en el público, el compañero de baile perfecto, no lloro, incluso se quedó dormido, al igual que la mayoría de los otros bebés que hacían parte del elenco, según ella “Parecía que supieran que estaban en show, fue espectacular”.

Hoy en día trabaja con cuatro grupos. En su fundación tiene al grupo Habibi (حبيبي), que traduce “Mi amor” al español, son las bailarinas más veteranas que tiene, con ellas ha participado en numerosos festivales y shows en el país, conocedoras de así sea un poco de todos los tipos de danza de su maestra. Por otro lado, desde hace un año y medio empezó a trabajar en la Universidad Autónoma de Occidente, uno de esos pequeños caprichos que tenía en mente hacía tiempo, allí tiene el grupo Bushara (بشارة), traducido como “Lo Nuevo” o “Lo novedoso” con quienes ya ha tenido, brillantes presentaciones dentro de la institución, que han acabado con la hegemonía salsera que había antes de que ella llegara. Con ellas ha luchado para que la universidad les brinde el presupuesto para unos vestuarios de calidad, ya que los que había antiguamente, eran de tallas muy reducidas, cuando sus estudiantes tienen todo tipo de cuerpo. Además, está su grupo más consentido, “Las Chiqui-Árabes” bailarinas de cuatro a cinco años de edad. Trabajar con ellas a veces puede ser difícil, antes de cada show debe poner cinta en el suelo para que no olviden sus lugares, si alguna se equivoca, es víctima del reproche de alguna de sus compañeras, pero eso no importa pues con su carisma, sus ocurrencias y sus trajes hechos a medida le roba el show a cualquier bailarina que les triplicara la edad. Sin dejar de querer ayudar a los demás, uno de sus proyectos más nuevos, es el dúo Hathor, de mujeres trans, que toman el nombre de la diosa egipcia. Este año, con ellas ganó el concurso de Talentos LGTB, que organizaba la Alcaldía de la ciudad de Cali. Este par de mujeres que ya realizaron completamente su transición de hombre a mujer, han encontrado en la danza árabe una forma de liberación y de encontrarse con ellas mismas. “Son mujeres que han sido señaladas y maltratadas por lo que sienten, y si supieran que ese par son divinas, ojala yo tuviera ese cuerpo.” El orgullo que siente por sus estudiantes lo refleja en cada palabra que usa para describir su trabajo.

Sin embargo, nada de esto hubiera sido posible, de no ser por su fundación, que lleva su mismo nombre artístico, la cual nació en el 2012, luego de un largo tiempo de haber dado clases en el teatro municipal, en la academia de baile María Sanford y en gimnasios, también daba shows en restaurantes como el Narguile Café Bar, todo esto gracias a Claudia Sarmiento, su única maestra colombiana, que le dejó el hueco para que ella empezara a crecer en esta carrera artística. Después de ella, ha tenido profesoras, árabes, libanesas, argentinas, etc. con las cuales ha aprendido, tanto en Colombia como en otros países de Latinoamérica, pues el viaje hasta algún país del medio oriente, supera por mucho su economía. A pesar de esto, está orgullosa de sus numerosos certificados, que no sabe dónde va a colgar, pues considera que la pared, no da para tantos. Su fundación que ya va a cumplir los 7 años, ha visto pasar toda clase de personas por ella y a pesar de tanto tiempo sostiene una energía que pocos lugares tienen, toda persona que entra percibe tranquilidad, al mismo tiempo que queda perplejo por el gran mural egipcio, pintado por ella misma y su primo en tres meses, que adorna elegantemente, una de sus paredes, allí se pueden observar a Isis, diosa de la fertilidad, del amor y de la magia, Hathor, diosa del amor, la alegría y la música, Horus, dios del cielo y Neftis diosa de la oscuridad y la noche, estos dioses han sido testigos del progreso de las bailarinas y de los personajes ilustres de la danza árabe. A pesar que hoy en día la fundación se encuentre en una crisis económica, la cual se siente nacionalmente, ella no piensa, dejarla atrás y hará lo posible por sacarla a flote.

Cansada de mandar a arreglar sus trajes, y tener que esperar demasiado, se volvió diseñadora de modas, graduada recientemente de la Academia de Dibujo Profesional, aunque hace todo tipo de prendas, quiere especializarse en el diseño de vestuario e indumentaria para artistas y así hacer los propios, así tenga que pedir ayuda a sus antiguos compañeros, tal como hizo para la elaboración del nuevo vestuario del grupo Bushara de la Universidad Autónoma de Occidente, además de trasnocharse y trabajar sin descanso, por la perfección.


Con la llegada de la tecnología y las redes sociales, combinado con su gran creatividad, revivió hace poco uno de los personajes que creó en La Feria de Cali 2009, una bella mujer, orgullosamente paisa, colorida, un poco loca y con una sonrisa peculiar, pues perdió uno de sus dientes. Esta curiosa mujer, conocida como La Loca Lolay, se ha tomado las redes sociales como Instagram, Facebook y YouTube, mostrando su curiosa vida y los “cacharros” que le pasan al intentar conseguir trabajo, siempre con su típica frase al final de cada video “Es que yo pa’ esto no sirvo.” Contraria a la verdadera mujer detrás del maquillaje colorido.


Corría el año 2006, y junto a un amigo saxofonista, buscaba un nombre artístico para empezar su carrera como bailarina y ser reconocida donde fuera, ella quería un nombre que combinara con lo que es.

-Imagínate que me digan: Con ustedes, la mejor bailarina María Fernanda, no.

-¿Mafarafa?

-No.

-¿Mafarat?

- No, ¿qué tal, Mafa de Mafe, y arab de árabe? ¡Mafarab!

Desde ese momento, dejaría de presentarse como María Fernanda Reyes y pasaría a ser Mafarab, la reina de la danza árabe en Colombia, también el nombre de su fundación. Y ese nombre con el pasar de los años y de numerosos, shows, presentaciones, talleres etc. ha resonado nacional e internacionalmente, cada vez que alguien lo escucha nombre, a la cabeza le vendrá una bella mujer de tez blanca, cabello largo y negro, con unos grandes ojos cafés adornados por su maquillaje, su voluptuoso cuerpo cubierto de telas brillantes y adornos, tal como si fuera una verdadera sultana. Es imposible no darse cuenta cuando llega, pues las cuentas y cascabeles de sus trajes hacen que cada paso anuncie su entrada. Una caleña, que aunque sus papeles diga que tiene nacionalidad Colombiana, su alma pertenece a alguno de los países de donde viene la música que la acompaña día a día, fácilmente podría pasar por árabe, su porte, su piercing en la nariz y el dominio del lenguaje, confundiría a cualquiera.


Justo antes de acabar la entrevista, su padre, con el que vive, entró a la sala y para presentarlo dijo entre risas y una mirada picara “Ahí está el escultor, de este monumento.”


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